Daniela Fernández es astrónoma en observatorios científicos y lleva más de diez años durmiendo de día. Su protocolo incluye lentes de sol al salir del telescopio —indicación de su neuróloga para no activar el ritmo circadiano—, oscuridad total, silencio y una Manta Pesada 2.0. "Después de diez años, aprendí que dormir bien no es algo que simplemente ocurre. Hay que construirlo."
La astrónoma que aprendió a dormir de día
Daniela Fernández lleva más de diez años operando telescopios en observatorios científicos. Su relación con el sueño no se parece a la de nadie.
Cuando la mayoría de las personas está terminando el día, Daniela Fernández está empezando el suyo. Astrónoma y operadora de telescopio en el norte de Chile— uno de los mejores cielos del planeta para observar el universo—, Daniela es conocida en redes como Astrodaniela y trabaja de noche desde hace más de una década. Su cuerpo aprendió a vivir al revés. Y en ese proceso, aprendió algo que pocos entienden antes de necesitarlo: que dormir bien no ocurre solo. Hay que construirlo.
Un día que empieza cuando el de los demás termina
A las tres o cuatro de la tarde, Daniela abre los ojos. Es su mañana. Toma desayuno-cena a las cinco. Antes de que oscurezca, el equipo realiza las correcciones técnicas de la noche: verificar que la cámara, la óptica y las condiciones meteorológicas estén en orden. Luego viene la preparación para observar.
"En astronomía, mientras más eficiente es la noche, más datos tenemos para los científicos", explica. Las jornadas duran entre ocho y catorce horas —más cortas en verano, más largas en invierno.
Hay un momento que Daniela no se pierde antes de que empiece todo eso: el atardecer. Específicamente, el green flash —la línea verde que aparece por fracción de segundo justo cuando el sol desaparece en el horizonte. "La parte más entretenida siempre será el atardecer. Saber que estamos a punto de empezar una nueva noche de observación."
El protocolo de vuelta
Cuando termina el turno, Daniela no sale directamente al amanecer. Antes de abrir la puerta del telescopio, se pone lentes de sol. No es un gesto estético: es una indicación de su neuróloga, diseñada para reducir la señal de luz que recibe el cerebro al finalizar la noche y evitar que interprete que el día ya comenzó.
Es un detalle pequeño con una lógica grande. El ritmo circadiano responde principalmente a la luz: cuando el cerebro detecta luz brillante, suprime la melatonina y activa el estado de alerta. Para alguien que necesita dormirse a las ocho de la mañana, ese proceso trabaja en su contra.
Desde el telescopio hasta la habitación, Daniela construye las condiciones para el sueño: oscuridad total, silencio, pijama, yoga o lectura para inducir la transición. Y su Manta Pesada 2.0. "Se ha transformado en una parte fundamental de mi rutina", dice. Cuando regresa a Santiago —donde su horario vuelve a la noche pero el cuerpo todavía no— suma su Antifaz Blackout 3D y sus Tapones DIAM.
"Después de más de diez años trabajando por turnos, aprendí que dormir bien no es algo que simplemente ocurre. Hay que construirlo."
La noche como oficina
Cuando Daniela eligió esta carrera, eligió también que la noche fuera su lugar de trabajo. No solo un espacio ajeno de silencio y estrellas —sino su oficina.
"La montaña tiene un silencio muy especial, donde puedes escuchar el viento o animales", describe. Una de sus señales favoritas al terminar la observación es el canto de un pájaro con un sonido particular: el aviso de que la noche terminó.
Al regresar a Santiago, el contraste es inmediato. "Vuelvo a los ruidos, a escuchar a más personas, hay más estímulos." Con los años, Daniela se ha vuelto más sensible a la contaminación acústica y lumínica —dos factores que los investigadores del sueño identifican como determinantes en la calidad del descanso en entornos urbanos.
Lo que el universo le enseñó sobre el cerebro
Daniela también dirige la Fundación Pequeñas Grandes Estrellas, donde acerca la astronomía a la vida cotidiana. Cuando le preguntamos cómo le explicaría a un niño de cinco años por qué necesitamos dormir, la respuesta fue directa.
"Durante el día, el cerebro trabaja muchísimo: aprende, juega, resuelve problemas y va guardando recuerdos. Cuando dormimos, el cerebro aprovecha de ordenar toda esa información y nos preparamos para el nuevo día."
Es la misma razón que la neurociencia lleva décadas estudiando: el sueño no es tiempo perdido. Es el momento en que el cerebro hace el trabajo que no puede hacer despierto. Daniela lo sabe mejor que nadie —no desde los libros, sino desde diez años de noches en la montaña.
En la Fundación Pequeñas Grandes Estrellas, lo traducen así: el sol nos acompaña para explorar, y la luna cuida nuestro descanso. Ambos son igual de necesarios.
"Pasé años aprendiendo a observar el universo, antes de entender la importancia de cuidar mi propio descanso. Hoy sé que dormir bien no es tiempo perdido. Es parte fundamental para hacer mi trabajo y disfrutar mi vida."
Daniela Fernández es astrónoma y operadora de telescopio, conocida como Astrodaniela. Dirige la Fundación Pequeñas Grandes Estrellas, donde acerca la astronomía a la primera infancia, siendo la única institución social en Chile especializada en astronomía en la niñez temprana.



























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